Curso de Formación Humana Integral

 

La conciencia sagrada de la vida es un nivel muy profundo de comprensión ya no solo del individuo o la comunidad donde vive, pero con todo lo que lo rodea. De alguna manera las anteriores etapas son una especie de preparación para este nivel de integridad con lo aparente y lo invisible. Puede parecer que esta etapa es la cima o el clímax, pero al igual que en la cima de la montaña no hay oxígeno y las condiciones son adversas, éste nivel requiere no solo de preparación anterior, pero también de un impulso que servirá como impulso para algo mayor.

El contemplar puede atribuirse a una actitud del alma a diferencia de mirar (hemisferio izquierdo o lógico del cerebro), ver (hemisferio derecho o creativo del cerebro) u observar (del corazón). Contemplar en su raíz etimológica hace referencia a mirar atentamente a un espacio delimitado. Esto viene de la antigüedad, cuando los sacerdotes miraban el vuelo de los pájaros para determinar la consagración del lugar religioso. Al entrar en la conciencia sagrada de la vida, la vida en si se convierte una posibilidad para crear un espacio sagrado, pero requiere de una mirada atenta y delimitada para no perderse en lo abstracto e iluso. La psiquis vuelve a su orden natural para comprender la unidad y no la fragmentación que proviene de una parte instaurada en el instinto protector y primitivo de la mente humana. El individuo se puede nutrir en distintos niveles, creciendo con las experiencias que se generan en vez de vivir quejándose o cuestionándose sin sentido.

La gratitud se convierte en un estado del ser. Al comprender la magnitud y posibilidades que ofrece la vida al ser humano y los distintos seres, la mejor forma de agradecer por dicha oportunidad es el agradecimiento. El agradecimiento no solo en una expresión oral, pero también con la retribución que se genera al haber recibido tanto. En la cultura occidental presente puede haberse confundido la noción del dar y el recibir, pero en culturas antiguas estaba claro que la vida giraba alrededor de un intercambio de energía que tenía que estar proporcionado para que exista un equilibrio. Incluso hoy en día hay muchos individuos que se jactan de dar y dar, pero si el dar o el recibir proviene de un sentido de carencia y vacío, la persona difícilmente va a poder tener una conexión mayor con aquello que da y con el que la recibe. El recibir también se ha vuelto en un tema delicado ya que en una sociedad tan competitiva, el recibir se ha visto como un signo de debilidad, en vez de una oportunidad de compartir con el otro. Por eso, en un estado de nivel en el cual la comunión es con la vida, el agradecimiento juega un papel fundamental para entender estas leyes que mantienen un equilibrio sano.

El respeto finalmente se puede comprender en diferentes niveles. El simple respeto es en el cual una persona entiende que sus límites acaban donde empiezan el de los demás. Profundizando más en el tema, el respeto hacia uno mismo es el paso más importante que tiene que ser logrado, tarea bastante ardua en el camino evolutivo. Para lograr este auto-respeto, hay que haber transitado mucho de los velos que pueden enceguecer la mirada para obviar aquello que tiene que ser trabajado. Por eso, para respetar hace falta contemplar, agradecer y estar en una conexión muy profunda que permita comprender los procesos internos personales y colectivos. Habiendo transitado este espacio, el respeto hacia los demás y lo existente se vuelve en otro desafío para el individuo. En algunos momentos lo aparente puede llegar a ser muy ilusorio y confuso, en el cual la firmeza va a ser la herramienta que corte el velo. Posiblemente se podría confundir con una falta de respeto por aquellos que siguen optando la ceguera, pero con la coherencia y lucidez adecuada, se entiende que el respeto es hacia algo mucho mayor que esta compuesto por el individuo y su alrededor.