Curso de Formación Humana Integral

La aspiración del ser humano es de llegar a su desarrollo pleno, La Mejor Versión de si mismo. Al parecer existe un punto final o de llegada, pero esto se debe en gran medida por una mirada occidental que se inclina a lo lineal. Efectivamente existe un camino a transitar en la evolución personal del ser humano y en muchas culturas espirituales se habla de una cima o experiencia trascendental, pero al mismo tiempo el camino hacia la cima tan anhelada tiene un recorrido de descenso por el cual se ascendió. Ésta mirada lineal o de querer llegar desesperadamente a algún punto determinado tiene un origen en aquellos que decidieron animarse a explorar el vasto conocimiento humano.

Los griegos, también conocidos como los padres de la mirada filosófica y racional en occidente fueron los que marcaron el rumbo. En algún momento decisivo, la balanza se inclinó hacia una mirada más estática, donde el transito hacia la conexión trascendental se debía realizar mediante un acceso racional a algo que existía en un lugar fuera de lo físico, en lo metafísico. Esto fue marcando las pautas del desarrollo intelectual que tuvo el ser humano, donde surgieron grandes pensadores que iban profundizando más y más en este laberinto intangible hacia una anhelada verdad escondida. Lastimosamente, no muchos podían acceder a este camino, no solo era un camino que muchas veces se veía nublado por una falta de sentido, pero porque el hombre parecía en ese cuento en el cual se relata de un perro escapando de su propia sombra pensando que era su enemigo. Esta fue la semilla que posteriormente tuvo una impronta muy notoria de una autoridad eclesiástica que le empezó a dar forma y color a aquello que estaba tan escondido para muchos. Para llegar a una conexión con ese tesoro de innumerables beneficios, el ser humano tuvo que transitar por un camino de condicionamientos, instrucción y mandamientos. Dicha forma fue agregando a aquellos que la seguían, no solo una mirada relativamente estática, pero empezó a convertir esa verdad en algo inalcanzable y casi imposible para la mayoría. Sin embargo, hubo un momento donde el hombre se da cuenta de su protagonismo en el cual simbólicamente parece re-nacer a darse cuenta de que el es una figura central en la forma de vivir y mirar la vida. Se desencadena nuevas formas de relacionarse, de pintar, de escribir y de comunicarse. Independientemente de este re-nacer, la influencia tan marcada por las actitudes autoritarias y verticales no dejaron de acompañar esta nueva búsqueda de una mirada distinta.

Progresivamente el hombre se va despojando de lo antiguo y entra en una vorágine de creación y desarrollo que lo llevan a una interconectividad tremenda, donde las herramientas tecnológicas se vuelven en un elemento fundamental del progreso. Paralelamente, aquellos destinados a continuar con el legado de los padres de la filosofía comienzan a darse cuenta que el laberinto no tiene una salida y en vez de continuar, comienzan a buscar el punto de partida que posiblemente podría dar una luz que desvanezca a la niebla. En estas miradas, en vez de afirmar y agregar a una mirada estática, se empieza a evaluar la capacidad de cambio que tiene el devenir del ser humano. Aquello que antes posiblemente existía en un espacio lejano y recóndito, empieza a convertirse más tangible y cercano a la experiencia humana. Se empieza a considerar que en lo físico existe un mundo en si mismo que puede ser una guía a lo abstracto y metafísico. También se agrega aparte de la razón la importancia de las emociones y su tremendo impacto en la evolución humana. Se vislumbra a un ser humano integral que está compuesto de distintos dominios, cada uno con una relevancia casi reveladora en esta búsqueda tan antigua del sentido de la vida. Aun así, existe una crisis muy profunda ya que la vorágine y desarrollo externo se vuelven una especie de virus que se va contagiando por inercia.

El mundo occidental toma una carácter predominante en convertirse en el cultivo y experimento de dicho sistema que genera resultados dignos de exploración. Por un lado se genera una metodología científica que va deslumbrando nuevos descubrimientos que aportan en diferentes formas la magnitud de lo que es ser humano y su estadía en la tierra. Esa misma ciencia con investigaciones profundas generan tecnologías inimaginables que van conectando al hombre con una rapidez y eficacia impresionante. El cambio, se vuelve evidente debido a los sistemas y formas que son en gran medida influenciados por estas herramientas e innovaciones. Por otro lado, todos estos cambios se ven reflejados en una mirada muy externa y superficial, consecuentemente creando una especie de velo que evita una mirada introspectiva en la integralidad del ser humano y de su verdadera razón de existencia.

En las culturas antiguas u orientales, la comprensión de la naturaleza y sus ritmos era un aspecto esencial en la vida humana. Con las estrellas por ejemplo, a través de su estudio y observación, las civilizaciones podían predecir y programar sus actividades. En un sentido más profundo, la comprensión auténtica de la naturaleza ayudaba a tener una dirección. Se entendía que al tener una dirección, la persona podía moverse dentro de un mundo que daba vueltas y que estaba en constante cambio. La dirección también generaba una especie de cohesión en lo colectivo que le permitía entender al individuo saber y sentir de que era parte de algo mas grande que el mismo. De ese caminar unidireccional es que surgían los distintos valores, los aprendizajes y las visiones. Efectivamente sabían que había un norte, pero en el transitar hacía dicha dirección, no estaba garantizado un camino recto sin obstáculos. Ellos entendían que esos obstáculos y desviaciones podían ser la materia prima que iba a ayudar sus siguientes pasos. Hoy en día, indistintamente de la vorágine del mundo desarrollado, el ser humano reconoce que la sabiduría ancestral es un eje fundamental para los pasos a tomar. Son estos pasos hacia una mirada introspectiva los que pueden ayudar a una humanidad en crisis.