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Crecimiento personal y espiritual: La meditación activa como vía de auto conocimiento y exploración.

Una de las definiciones de la meditación que me parece muy hermosa, ya que hay muchas, es ¨el cultivar o volvernos familiares con algo, una nueva forma de Ser¨. En esta definición, hay una sentido de amplitud y también de auto responsabilidad, ya que depende de nosotros qué es lo que queremos cultivar en nuestras vidas. Podemos empezar a cultivar el acto compasivo, amoroso, tolerante y paciente, sin embargo, es necesario tener el coraje de atravesar todo un recorrido de dejar atrás lo que venimos cargando.

Volviendo al concepto de cultivar algo nuevo, un concepto que nos ayuda a profundizar en la importancia de las meditaciones activas es la relación entre el ¨dejarnos ir¨ y el de mantener la atención. Por lo general, al no tener una práctica constante o una formación en el tema, mucho se resume en un exceso de tensión, tanto a nivel corporal, mental o emocional. Ocurren los sucesos, que podríamos denominar invitaciones y lo más difícil es encontrar la proporción adecuada para la respuesta. Si evaluamos nuestro día a día, la desproporción es posiblemente una constante, sea que: hablé demás, escuché menos, coma demás, duerma menos, piense demás, sienta menos y la lista continua. Al sentarnos a meditar pasa lo mismo, ya que simplemente llevamos lo habitual y cotidiano a la práctica meditativa o espiritual.

Las meditaciones activas, en mi experiencia, son una gran vía para poder empezar a dar los primero pasos en ir soltando la tensión innecesaria para que luego vaya surgiendo la calma natural que habita en nosotros. Por lo general, este tipo de meditaciones, empiezan con una liberación emocional y de tensiones corporales que favorece mucho a que el cuerpo este mas relajado. Para esto, se utiliza música, movimientos específicos, técnicas de respiración y otras formas que son una gran válvula de escape a la presión acumulada por el estrés cotidiano. Es como si incitáramos a que se manifieste la tormenta interna que llevamos dentro, miedos, ansiedades, frustraciones, enojos, tristezas y un cúmulo de emociones y pensamientos reprimidos que desean condensarse y disolverse. Muchas veces, hay un miedo de conectar con este mundo interior y algunas personas creen que la meditación es aplacar todo esto, no reconociendo que en ello, hay una fuerza muy importante que puede favorecer la observación y presencia.

Luego de la tormenta, llega la calma y es ahí donde hay una parte de observación calmado, de gozo, de celebración y un simple Estar en lo que ocurre, sin pretender controlar o cambiar lo que va surgiendo momento a momento. Este sería el estado más deseado o a lo que aspiramos, el lago quieto interno o la suave y dulce brisa. Por más placentero que pueda ser dicho estado, por lo general, siempre hay un último elemento que es el ¨abandono¨. Dicho abandono, es una representación de la muerte, el momento de soltar tanto lo placentero o lo incómodo. Al realizar este abandono consciente, hay una cierta comprensión de la transitoriedad de las cosas, de una libertad al sentir que no hay nada a qué aferrarse más que a la conciencia misma de Ser.

Llevo varios años explorando a nivel personal y también facilitando las Meditaciones Activas de Osho y recomiendo mucho leer e investigar más al respecto en www.osho.com y también poder explorarlas de manera vivencial en Suntal.