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Crecimiento personal & espiritual

¿Por qué la Meditación es una vía de transformación para mi? Durante mucho tiempo el proceso fue bastante intuitivo, existía en mi un llamado que me ha ido guiando de manera natural. Recuerdo que a los 16 años leí por primera vez el libro de Siddhartha de Hermann Hesse que me llego a un lugar muy profundo, a tal punto, que el primer anhelo que tuve al graduarme de la universidad a los 23 años, fue ir a India y saborear toda la mística y magía que solamente puede ser vivida ahí, como bien lo expresa una frase del libro Siddhartha,¨las palabras no sirven para explicar un sentido secreto¨.

Mi guía para mi viaje, fueron un par de recomendaciones y la curiosidad profunda de conocer lugares que llenen la sed que sentía. Tuve la oportunidad de conocer en mi primer viaje el Centro de Osho, conectando con las distintas Meditaciones Activas, luego contrastar con el Ashram de Sai Baba, un renombrado místico conocido en occidente (mientras seguía vivo) y finalmente, sin tener la menor intención conciente más que la de dejarme llevar, acabé en el monasterio del Dalai Lama en Dharamasala, donde tuve la fortuna de participar en una conferencia suya de 3 días relacionada al Budismo tibetano. Fue en ese contraste, donde aquellas páginas leidas en un libro a los 16, empezó a cobrar vida y de alguna manera misteriosa, moldear y forjar una parte interna, que poco a poco fueron cambiando mi vida. Las Meditaciones, si bien las continue practicando por un tiempo, todavía no tendrían el lugar que ocupan hoy en mi vida, posiblemente por una cierta inmadurez o falta de disciplina para hacer de la meditación una práctica diaria.  

El atravesar por la muerte de mi prima hermana y una crisis laboral, hizo que sienta una incomodidad y dolor latente, profundo, muy a flor de piel.  Mi sed por un sentido y propósito mayor se hizo más evidente, por eso emprendi un segundo viaje a mis 28 años. Esta vez mi busqueda fue mas dirigida, tuve la oportunidad de volver al templo del Dalai Lama en Dharamsala y profundizar un poco en la tradición budista y la meditación. Sentía que había corazón, más allá de toda la teoría que podía aprender. Si bien, otras tradiciones y lugares de India me abríeron la mente, algo me inclinaba hacia continuar con la Meditación budista, lo que me llevó a un curso introductorio del budismo tibetano en el Monasterio Kopan (Nepal), a un retiro de meditación Vipassana en el Centro de Goenka (Nepal) y finalmente a las tierras silenciosas y pacíficas de Bhutan.

El silencio que respiré me impresionó, si bien lo que aprendía me abría una mirada más amplia sobre el sufrimiento, la vida, la muerte; la práctica de meditación se convirtió en un eje central, en una manera muy concreta y precisa para poder sobrellevar y trascender los desafíos internos por los que atravesaba y que cada vez eran más difíciles obviar. Fue posterior a este viaje, donde la meditación ocupó un lugar en mi vida, en principio la meditación Vipassana (con el método de Goenka), la meditaciones activas de Osho y luego y diariamente la meditación Zen.

Fue un tiempo de continua exploración de diferentes Caminos Espirituales, formaciones y aprendizajes en varios temas relacionados a la condición humana donde empece a trabajar en Grupo. Ya asentado en La Paz, encontré espacios de Trabajo Espiritual, que requirieron de mi entrega y compromiso, ya no solamente en la práctica diaria de la meditación, sino, en abrirme a la comprensión que el Servicio y la Entrega son esenciales para continuar el camino del Auto-conocimiento. En la Escuela Camino4 (dirigida por Uttam Módenes) y en el Centro Zen Phajjsi Qollut Jhalsu (dirigida por Sensei Shinryu Thompson), siento que he tenido la fortuna de tener Maestros que me enseñan, más a través un vínculo y de lo que no me dicen, que de lo que me expresan.  

Para complementar el camino transpersonal que escogí, mi búsqueda de sanarme a mi mismo y volcar todo lo aprendido en una forma de servicio, me llevó a formaciones en: Coaching Ontológico, Estudios del Eneagrama y actualmente la Gestalt Viva de Claudio Naranjo, pudiendo así comprender que al ir sanando mis propias heridas internas, reconociendo aquellos aspectos que no me hacen bien y aceptando quien soy, mi manera de vivir en la vida cobra un sentido mayor y más profundo. No dejan de existir problemas, obstáculos y momentos difíciles, pero de alguna forma, es como si sintiese una corriente interna más profunda que puede nutrir mi vida con mayor armonía, tranquilidad y claridad para responder ante lo que la vida me exige.